Hay en Sallent unos bancos estratégicamente colocados, a la orilla del Aguas Límpias, en los que me encanta sentarme en las tardes de otoño para, entiéndeme, charlar en silencio, oir el murmullo del río a los pies y, si se tercia y apurando la cosa, hacer algún dibujillo como este de hace un par de semanas.
Estoy deseando que termine el verano y empiece a amarillear el paisaje para volver, un octubre más, a empaparme de rojos, ocres, sienas, tostados, sombras, sepias, carmines, amarillos, y sobre todo de esa tenue luz que lo inunda todo al final del día y que me produce una especie de agradable melancolía que me lleva años atrás, hasta donde los recuerdos quedan tan lejanos que tienes la sensación de que quedan a demasiados pasos de ese momento.
Pilot y W&N en Moleskine, no sé, siempre me arrepiento de meter color en estos apuntes, no sé no sé...














