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viernes, 7 de junio de 2013

PEÑA TELERA.

Supongo que sabrás perdonar este pequeño desliz.
Aunque anuncié en el último post que daba por finiquitado el tema de la nieve, bien es cierto que no iba a dejar ésta en el archivo esperando mejores tiempos, con que ahi va; es la vista que nos ofrece Peña Telera bajando del Balneario de Panticosa, casi casi llegando al pueblo.


A ver si es cierto aquello de "año de nieves..." porque vaya semanita he llevado: llego al viernes vacio de contenido y con verdadera necesidad de buenas noticias, las que sean, me da igual, pero que sean buenas porfa.
La acuarela es de ayer por la tarde, Schmincke en Arches (41x31) sobre foto de día soleado que, dicho sea de paso, este invierno los ha habido más bien escasos.

martes, 16 de abril de 2013

HUYENDO HUYENDO HE LLEGADO AL BALNEARIO DE PANTICOSA.

Si, huyendo, aunque me llames cagueta.


Ponte en situación: domingo pasado en el Balneario de Panticosa; cuatro gatos, la temporada de nieve ha terminado aunque todavía haya para dar y vender; veinticinco grados al sol del mediodía; MJ abstraida con su libro y yo dibujando el estanco, antes de que alguna cabeza pensante diga que huele a rancio y lo derriben...qué talentos; sólo se oye el murmullo de las hojas a nuestra espalda...


...y siento como si estuviera a mil millones de millones de distancias de todo, rebosando de esa sensación de estar tan lejos de todo, de no querer volver, de olvidarme y simplemente tener la cabeza llena de nada, de ni pensar, no vaya a ser que cualquier mierda, de las ya demasiadas que llevamos arratrando, estropee este momento.
Joer, vaya temporadita.
Pilot sobre Moleskine.

sábado, 26 de febrero de 2011

DESDE EL PÚLPITO

Viernes de Febrero; Semana Blanca; Dos días en Sallent.
Tras madrugar por segundo día, el viernes, para llevar a esquiar a William, George y Natxo, a eso de las once, y para echar la mañana, llegamos con MJ al Balneario de Panticosa, a donde por una serie de casualidades no habíamos subido desde hacía, por lo menos, un par de años.


Así de espléndido lucía en la mañana de ayer. Nieve, sol y, como suele decirse, ni cuatro gatos.
En la orilla norte del lago hay un pequeño púlpito que en otros tiempos se utilizaba para acceder a las barcas que alquilaban en verano y que, en las soleadas mañanas de agosto, salpicaban de colores las aguas trasportando familias con niños chillones y parejas de novios que iban hasta la esquina opuesta, creyendo que la distancia hacía sus carantoñas menos indiscretas...ilusos.



Al caer la tarde, libre ya el lago de ruidosos visitantes, es la hora de los pescadores, uno de los cuales, monfloritano a más señas, perseverante donde lo haya, se hace fuerte en el púlpito desde donde lanza sus aparejos de mosquitos, con la aparente facilidad que da la experiencia, esperando que una generosa trucha le regale unos momentos de emoción cuyo relato acompañe la cena.
Pues allí mismo nos sentamos, y aquí tienes la foto de lo que se veía: La nieve, los árboles desnudos y, al fondo, el Casino.


Y aquí el apunte que hice mientras disfrutábamos de nuestros silencios, y es que hay veces que para estar juntos no necesitas más que eso, silencios.


Pitt de FaberCastell sobre Moleskine acuarelable...creo que en esta ocasión se quedará sin acuarelabilizar.
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