Finde mejor que el anterior en cuanto a ánimos se refiere; el pasado nos descolocaron un poco las incertidumbres universitarias que, afortunadamente, se solucionaron felizmente el lunes por lo que la semana ha discurrido, por fin, entre la normalidad y la rutina, incluso agradeciendo el aburrido devenir de los días que nunca deberíamos haber dejado, y menos durante tanto tiempo. Joer, que año.
El finde estaba cantado, en Sallent, ya sabes el mono que tengo este otoño, con que el sábado a media mañana nos fuimos con MJ en el coche pequeño para llegar a comer. Chimenea, siesta, paseito hasta Lanuza por la tarde.
Y mira por donde que, sin planearlo, conocimos a Trimbolera, blogera de Lanuza (
click, para los despistados) cuyas aventuras sigo en internet casi casi con devoción. Ya le di hace unos días el premio Liebster Blog y esta visita no hizo sino confirmar su talla como persona. Tras abrirnos las puertas de su casa para compartir un rato estupendo en su bodega, su vida y sus recuerdos, parte de los cuales tambien son nuestros, y tras un pelotazo de esos vinos rancios de Lanuza, que levantan a los muertos y purifican a los vivos, nos despedimos con la promesa de volvernos a ver. Eso seguro, Trimbolera.
La foto en la bodega de su casa, uno de esos sitios en los que hasta las escarpias tienen un porqué.
Esta mañana nos hemos zambullido en el otoño; sus ocres, amarillos y rojos empiezan a asomar por lo que la semana que viene habrá que volver para comprobar que todo está en orden, máxime con el acopio de piñas para encender la chime que hemos hecho en el bosque del Betato. Bien habrá que probarlas también, a ver si arden.
Y para que no digas que todo son fotos ahi te va una acuarela que pinté este verano y que colgaré en la expo de noviembre. Sallent desde el barrio del Paco. Al fondo la Iglesia de la Asunción y más al fondo todavía el pico Arriel. Por supuesto Schminke sobre Arches.